El anhelo de la verdadera libertad en
Este desconocimiento o ignorancia destruye insensible e irracionalmente lo que la sabiduría del inegoísmo o solidaridad ha construido universal o colectivamente a través del histórico proceso de elevación de conciencia social que significa el cultivo y preservación del trabajo humano creador –la cultura del bien común compartido o lo que es lo mismo, la cultura republicana o comunitaria de la cosa pública o Cultura del Alma Republicana– herencia que Simón Bolívar recogió de sus dignos y sabios antecesores indoamericanos, afrodescendientes, europeos, grecolatinos -entre otros- y legó a la posteridad para ser perpetuada solidaria o altruistamente en la regeneradora institución humanista del “Poder moral” en el contexto de una Sociedad Justa cuya estructura, sistema y modelo revolucionario de regeneración de la costumbre humana (Socialismo Bolivariano) favorece infaliblemente al verdadero desarrollo de “la justicia, primera ley de la naturaleza, y garantía universal de los ciudadanos”.
El “Poder moral” es la propuesta humanizadora socialista de Simón Bolívar, que tiene como propósito el perfeccionamiento integral de la familia humana, individual y colectivamente, por la vía de un conocimiento necesario o útil para la formación ciudadana: “la ciencia de Gobierno”, “que se adquiere insensiblemente por la práctica y el estudio”, haciendo posible concebir y establecer republicana o popularmente que “el sistema de Gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”, realizable sobre dos grandes categorías de construcción de conciencia social del hombre o mujer a través de los polos republicanos moral y luces del mencionado “Poder moral”: una, por la vía de la responsabilidad social de la “opinión pública” sobre el principio de “la primera de todas las fuerzas que es la opinión pública”, y la otra categoría, la senda de “la educación popular” que tiene como fin “dar alma por la educación”. Así, el corolario del “Poder moral” de Simón Bolívar es el de “la verdadera libertad que es inseparable de la práctica de la virtud”, o sea, el de “la felicidad que consiste en la práctica de la virtud”.
Esta proyecto revolucionario inédito del Libertador constituye la cultura humana que toma conciencia de sí misma al reconocer la verdad que la inspira e ilumina interculturalmente: “Haz a los otros el bien que quisieras para ti. No hagas a otro el mal que no quieras para ti, son los dos principios eternos de justicia natural en que están encerrados todos los deberes respecto a los individuos”. Esta verdad universal socialista, concebida como esencia del amor fraternal de

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